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11 de julio de 2025Por Raque VegaLa presencia de Dios viene con un propósito: transformar la tierra.No se trata solo de sentirla, sino de traducirla en acciones concretas que traigan cambio real.Por mucho tiempo, en la iglesia nos hemos enfocado tanto en ir al cielo, que hemos descuidado la tierra… y nuestra nación. Y de pronto, abrimos los ojos y nos damos cuenta de la condición en la que se encuentra. El enemigo ha ganado demasiado terreno.Quiero compartir contigo algunas cosas por las que vale la pena entregar la vida:1. Invertir en las siguientes generacionesEn la parábola del trigo y la cizaña, por años nos enfocamos en la cizaña, en lo malo. Pero el llamado es a ocuparnos del crecimiento del trigo.El Salmo 78 nos recuerda: “De generación en generación anunciaremos las obras del Señor.”En el libro de Reyes vemos esa constante: unos reyes hicieron lo bueno, otros lo malo. Así, los ciclos del Reino en la tierra se pierden.Debemos levantar hijos confiables. Si no lo estamos haciendo, estamos malgastando nuestro tiempo.Malaquías 4:6 es claro: si no reconciliamos a padres con hijos, la tierra será herida con maldición.2. Buscar el corazón de DiosDios halló en David un hombre conforme a Su corazón, alguien que haría todo lo que Él dijera.Este ya no es el tiempo de las “estrellas”, ni de los llaneros solitarios. No se trata de apariencias. Es tiempo de buscar a Dios de verdad.Ten tus tiempos de intimidad. Permite que el Espíritu Santo audite tu corazón.3. Manifestar expresiones diversas del ReinoNo podemos meter la ciudad dentro del templo.En la parábola de la semilla de mostaza, Jesús dice que el Reino de Dios es como una semilla pequeña, pero con gran potencial.El árbol debe crecer para dar sombra —ese es su propósito—, pero el tronco, las raíces, las hojas, las ramas… todo es distinto. Así también deben ser las expresiones del Reino: diversas, vivas y visibles.4. Enfocarnos en las regiones, no solo en nuestra iglesia¿Cómo se vería pastorear una ciudad?Necesitamos sacar la luz a las calles. Somos una lámpara, y no puede estar escondida debajo de la mesa.5. Romper con el espíritu NicolaitaEste espíritu nos ha hecho creer que solo los “profesionales” pueden hacer la obra del ministerio. Eso es mentira.Nos ha hecho pensar que no somos capaces… pero sí lo somos, porque el Espíritu Santo habita en nosotros.No podemos seguir viviendo una fe desconectada de la realidad de nuestra tierra. La presencia de Dios no es solo para disfrutarse, sino para manifestarse con poder transformador en generaciones, ciudades y naciones. Este es el tiempo de levantar hijos confiables, de buscar el corazón de Dios con integridad, de extender el Reino fuera de los templos, de pastorear territorios y de empoderar a todos los santos para la obra del ministerio. No más pasividad. El Reino está avanzando, y debemos estar plenamente involucrados.